LA CONSCIENCIA Y LA INCONSCIENCIA – CAPÍTULO 19 - AUDIOLIBRO DANTE

 LA CONSCIENCIA Y LA INCONSCIENCIA – CAPÍTULO 19 


La inconsciencia (ego y personalidad) no posee la capacidad de la autoobservación psicológica.  

La consciencia (la esencia) posee la capacidad de autoobservación psicológica.  

La consciencia observa a la inconsciencia.  

El observador (la esencia) observa al observado (ego y personalidad).  

Siempre que un ser humano se encuentre en estado de consciencia, su parte consciente se encontrará observando a su parte inconsciente.  

Cuando un ser humano no se autoobserva, su parte inconsciente se encuentra rigiendo la máquina humana.  

Si un ser humano se está deleitando con un pensamiento maravilloso, no por ello significa que se encuentre en un estado consciente.  

Ser consciente en muchos instantes y momentos, significa no pensar o no identificarse con ningún pensamiento, por bello que sea éste.  

Cuando la esencia se hace cargo de los procesos de la vida, el centro intelectual descansa, y este hecho crea sensación de paz.  

El centro intelectual siempre se encuentra activo en el inconsciente y este, al final del día, acaba agotado.  

Cuando el peso de la vida recae sobre la esencia, los tres cerebros pueden descansar profundamente.  

Los estados de consciencia son superiores a cualquier estado mental.  

La esencia alcanza conocimientos que la mente jamás podrá alcanzar.  

La sabiduría esencial es diferente a la sabiduría mental.  

Mediante la sabiduría esencial suceden hechos que cualquier ser humano de pensamiento tradicional los atribuiría a hechos fortuitos o a la suerte.  

Las personas que no poseen una gran capacidad intelectual y que, por ello, no han destacado en los estudios, se quedarían asombradas si despertaran por un instante, de su capacidad reflexiva. Capacidad superior a la razonativa. Pero, el ego engaña al ser humano y este cae en la trampa de los pensamientos con un final feliz, donde el protagonista vence todos los obstáculos y se corona rey del mundo.  

¡Qué incapacidad otorga al ser humano los sueños de los egos! 

Soñar es fantasear, despertar es imaginar.  

La esencia despierta imagina, es decir, ve, a través del ojo de dangma, el tercer ojo.  

La humanidad sueña y a su sueño lo llama realidad (política, economía, religión, deporte, etc). 

Vivir en el sueño de la humanidad es participar de figurante en una película.  

Si se quiere ser el actor o la actriz principal en la película de la vida, el ser humano ha de dejar de hacer de figurante en la película de la vida de los otros y escoger el papel de actor principal de la propia vida.  

La vida propia (la vida consciente) es maravillosa, pero alguien alguna vez dijo que la vida de otros era mejor que la propia y, desde entonces, los seres humanos se olvidaron de vivir la propia vida y se volvieron figurantes de la vida de los otros.  

Cuando la esencia empieza a despertar, el ser humano común y corriente se convierte en el protagonista de la película más apasionante jamás realizada.  

Da igual quién seas, de qué trabajes, la edad que tengas, posees una esencia divina, atemporal, casi perfecta. Despiértala y habrás encontrado la razón de vivir y la felicidad de la vida.  

Creer o no creer se basa en la inconsciencia, la consciencia es la experimentación de la esencia.  

La creencia o la falta de ella es un proceso que la personalidad realiza en el cerebro intelectual.  

Las conclusiones intelectuales nacidas de los procesos intelectuales que realiza la personalidad son llamadas teorías.  

La personalidad toma por realidad a maya, la ilusión.  

La ilusión relativa es vista por la personalidad de un investigador como la realidad que ha de ser investigada.  

La inconsciencia investiga la inconciencia.  

La inconciencia es el tejido sobre el que se han postulado leyes, principios, teorías, etc. que determinan la forma en la que se entiende el universo y la forma en la que este es explicado a las jóvenes generaciones. 

Sin despertar la esencia no puede ser investigada la conciencia.  

La consciencia investiga la conciencia.  

La conciencia es la reunión o unión de la experiencia acumulada por la consciencia y entregada sobre el tejido del espacio-tiempo.  

Toda consciencia que anhele participar en un nuevo día cósmico, participa con la entrega de la experiencia de la consciencia al día cósmico.  

Cuando la consciencia participa en la creación de un nuevo día cósmico, una parte de la consciencia de la esencia se convierte en conciencia de la esencia.  

Solo se puede ser consciente de la conciencia cósmica desde la consciencia de la esencia y, a este hecho, se le llama estar o ser despierto.  

El esoterista mediante la consciencia de la esencia investiga la conciencia cósmica, la realidad relativa.  

Sin embargo, el esoterista ha de investigar mediante su consciencia a su propia inconsciencia y a la inconciencia global.  

El investigador anhela llegar a un determinado estado de consciencia para quedarse en él o seguir ascendiendo a otro nivel de consciencia superior. Sin embargo, el esoterista investigador ha de descender a la inconsciencia para extraer partículas de esencia enfrascadas en la inconsciencia.  

Penetrar en la inconsciencia con la consciencia, ver el mundo de la inconciencia con la conciencia, son unos hechos muy curiosos cuando la esencia consciente desciende al mundo de la esencia inconsciente, embotellada por el ego y condicionada por la personalidad, percibe que una parte de quién es se encuentra en un lugar y de una forma que no le corresponde.  

Extraer consciencia de la inconsciencia es un trabajo dificultoso.  

Existen principios inconscientes tan propios que pueden ser (y lo son) confundidos por consciencia. Solo aplicando una profunda reflexión, que la reflexión es luz, sobre estos principios, se extrae la comprensión de su naturaleza egoica y no divina. 

Romper, rasgar o traspasar el velo de Maya o de Isis es observar desde la consciencia la conciencia cósmica, pero, para ello, el velo ha de ser rasgado, y la ilusión relativa (la inconciencia) se antepone al propio velo, por lo que hay que superar primero la inconciencia que se ha añadido al velo de Maya, la ilusión.  

Cuando, en el principio del día cósmico, el ser más evolucionado del planeta Tierra, el ser protoplasmático, diferenciaba el velo de Maya (la ilusión) de los materiales de la realidad relativa, aquello que se encuentra más allá del velo de Maya, pero, sin llegar al absoluto, el mundo de las causas naturales. 

Más tarde, en la tercera generación del planeta Tierra, la generación Lemur, hacia el final de esta tercera generación, tomó por real el velo de Isis, olvidando la realidad que existe más allá del velo.  

Fue entonces cuando se creó un velo irreal que es llamado inconciencia planetaria.  

La inconciencia planetaria es aquello que se supone que se sabe sobre la realidad cuando ésta es el velo de Isis, el espacio de las consecuencias.  

Confundir las consecuencias de las causas con las causas, lleva a la gran equivocación de tratar de encontrar una lógica inteligente en la inconciencia.  

El universo es el efecto del mundo de las causas naturales, para comprender las leyes que rigen al universo, se ha de trascender el velo de Isis.  

Estudiar la ilusión, el velo de Isis, no conduce al origen, aunque es muy interesante estudiar los efectos de las causas, pero, comprendiendo que son los efectos y no las causas.  

El mundo de las causas naturales no crea causas perfectas y éstas, a medida que penetran en el mundo físico, como efectos, se van adaptando a las diferentes dimensiones, incluso, algunas causas han de desaparecer, porque ponen en peligro la vida cósmica o planetaria.  

Llegar más allá del velo de Isis es necesario, pero, en un principio, es imprescindible discernir entre la inconciencia y el velo de Isis.  

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