El código oculto de la Intención
El código oculto de la Intención
Poseemos diferentes tipos de emociones, y aunque
todas surgen de diversos centros emocionales —tanto a nivel físico: plexo
solar, corazón, hígado, timo; como a nivel psíquico: el chakra del corazón (Anahata)
y el chakra del hígado (Manipura)— su origen las hace muy diferentes
entre sí.
Las emociones que nacen del ego y de la
personalidad son los deseos. Las emociones que brotan del alma
son las intuiciones y las inspiraciones. Y
las emociones que emanan del Eterno Femenino son las intenciones
correctas.
Es un gran error confundir los deseos con las
emociones que nacen del alma y del Eterno Femenino.
Nuestra vida transcurre deseando: deseamos un
mejor empleo, un amor eterno, un cuerpo sano, etc. Si el deseo funcionara, el
mundo sería un lugar muy diferente. Pero no lo es. Las fuerzas universales no
responden al deseo; las fuerzas del universo responden a las intenciones
correctas.
El deseo no posee la capacidad de accionar las
fuerzas universales por varios motivos. El deseo no es constante: hoy deseamos
algo y, en un instante, deseamos otra cosa. Esta falta de constancia hace que
el deseo nos agote energéticamente y, al mismo tiempo, que no posea la
suficiente fuerza como para que ninguna energía del universo se active por él.
Sin embargo, la intención correcta
posee una energía constante. Nos permite gastar muy poca energía al crearla y,
a la vez, conectar con las diversas fuerzas del universo, haciendo que éstas se
activen y nos entreguen aquello que realmente necesitamos.
En muchas tradiciones espirituales, el ser que
tiene la potestad de limpiar o anular el karma propio es el Eterno
Femenino. Si activamos el Eterno Femenino en nosotros y luego actuamos
con una buena y correcta intención, las fuerzas del universo colaborarán con
nosotros.
Dejémonos guiar por el Eterno Femenino, mediante
una intención pura y correcta, y olvidemos los deseos.
Santiago Barberán
25·08·2026
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