Capítulo XX - La Historia de la Humanidad - Audiolibro Jano

 Capítulo XX - La Historia de la Humanidad 

Permite que la voz te acompañe. Este capítulo es un tránsito, un puente entre lo que la humanidad fue… y lo que aún puede recordar. 

 El Momento Histórico 

Hubo un tiempo en que la humanidad vivió en el Edén. Un tiempo sin prisa, sin sombra, sin olvido. El Paraíso Terrenal no era un lugar… era un estado de conciencia. Una vibración pura donde el espíritu se movía libre, y la materia era apenas un susurro. 

Las Cuatro Edades 

La historia del mundo se desplegó en cuatro grandes edades. 

Primero, la Edad de Oro, cuando la luz era maestra y la memoria del Ser estaba intacta. 

Luego, la Edad de Plata, donde la sabiduría se volvió reflejo, como la luna que ilumina sin ser fuente. 

Después llegó la Edad de Cobre, la edad del deseo, de la fuerza vital, de la mezcla entre espíritu y pasión. 

Y finalmente, la Edad de Hierro, la caída en la densidad, la pérdida de la visión interior, el tiempo en que la materia se volvió pesada y el alma tuvo que aprender a recordar. 

La Raza Lemur 

En el antiguo continente de Mu, allí donde hoy duerme el océano Pacífico, floreció la Raza Lemur. 

Sus vestigios aún permanecen en la Isla de Pascua, donde las piedras miran al cielo como si esperaran el regreso de una antigua promesa. 

Los Lemures vivían quince siglos. Medían siete metros. Eran hermafroditas, ovíparos, y su reproducción era un acto sagrado, una danza entre espíritu y forma. 

Sus sentidos eran distintos a los nuestros: visión espiritual total, razón objetiva, captación instintiva de las verdades cósmicas. 

Vestían de blanco y negro, como si cada alma recordara que la dualidad es solo un puente hacia la unidad. 

La Economía del Planeta Tierra 

La Tierra se alimenta de energía. Cada reino —mineral, vegetal, animal y humano— es un órgano vivo, una máquina de transformación que sostiene el equilibrio del planeta. 

El ser humano, sin saberlo, es parte de esa maquinaria sagrada. 

 La Máquina Llamada Ser Humano 

Mediante la razón objetiva, el ser humano se percató que simplemente era un sustento para alimentar el planeta tierra y para que razas futuras pudieran habitar en él.  

De allí nacieron la depresión, la desilusión, y el suicidio colectivo de la conciencia. 

La Tierra comenzó a debilitarse. Ciertas energías cósmicas dejaron de fluir. Las razas futuras quedaron en peligro. 

 La Solución 

Entonces surgió el V.M. Sakaki, científico del espíritu, mago de la alta teúrgia. Él reveló los rituales, las claves, las puertas que aún podían abrirse para salvar la humanidad de su propio olvido. 

 El Órgano Kundartiguador 

Los dioses, en su intento de ayudar, crearon el órgano Kundartiguador, un amortiguador de la realidad. 

Este órgano generó hipnosis colectiva, sensaciones agradables, la cola de mono, y la separación de los sexos. 

Pero también creó ilusión. Y la ilusión se volvió caída. 

 

Conclusión: Hubo estabilidad geológica en el planeta Tierra.  

La Equivocación 

Incluso los dioses se equivocan. La conciencia es divina y casi perfecta, pero solo el Ser es absolutamente perfecto. 

Así nació la Ley de la Katancia, el karma de los dioses, la corrección cósmica de sus propios actos. 

El Regreso 

La Comisión Intergaláctica, guiada por el V.M. Sevohtarta, descendió para restaurar el equilibrio perdido. 

El Desastre 

Encontró a aquella humanidad sumida en la materia, en la mecanicidad, y en tendencias equivocadas.  

El Remedio 

El V.M. Loisos enseñó la destrucción del órgano Kundartiguador, liberando la energía atrapada en la ilusión. 

La Conclusión 

Sin embargo, las secuelas psíquicas permanecieron en el coxis como átomos del órgano Kundartiguador, haciendo que la humanidad tuviera unas secuelas perpetuas que le alejaban del mundo espiritual.  

El Tantra Sexual 

Un aspecto del Tantra, el tantra sexual, posee la capacidad de eliminar el órgano Kundartiguador y de despertar de nuevo la Kundalini, la serpiente de luz que asciende, que purifica, que recuerda al ser su origen divino. 

 

Meditación Final  

Cierra los ojos… Respira profundamente… Siente cómo el aire entra… y cómo el aire sale… 

Concéntrate en tu coxis, imagina una luz blanca en tu coxis, una chispa silenciosa, un punto de conciencia dormida. 

Con cada inhalación, esa luz se vuelve más viva. Con cada exhalación, sube un milímetro por tu columna. 

Inhala… y permite crezca su luz, Exhala y permite que su luz ascienda. 

Siente cómo atraviesa tu abdomen, tu pecho, tu garganta… 

Siente cómo llega a tu entrecejo y se abre como una flor de luz. 

Permanece ahí… en silencio… en presencia… 

Ahora permítete recordar, vuelve a tu origen, permítete recordar que tu origen es divino.  

Asimismo, recuerda que la historia de la humanidad vive en ti. Y el despertar también. 

Os dejamos con esta meditación... 


Santiago Barberán

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