MEDITACIÓN: LA RUEDA DE LA FORTUNA
MEDITACIÓN: LA RUEDA DE LA
FORTUNA
Adopta una
postura cómoda.
Cierra
suavemente los ojos.
Lleva tu
atención a la respiración.
Inhala
lentamente... y exhala despacio.
Con cada
respiración, siente cómo tu cuerpo se relaja. Permite que desaparezcan las
tensiones. Permite que la mente se serene.
Ahora
imagina ante ti una gran rueda luminosa. Antigua y eterna. La rueda de la
fortuna.
Observa cómo
gira sin prisa. Con suavidad. Con perfecta armonía.
Comprende
que esta rueda representa la propia vida.
Todo gira.
Todo cambia.
Todo se
transforma.
Lo que
asciende desciende. Lo que desciende vuelve a ascender. Nada permanece para
siempre en el mismo lugar.
Permite que
esta verdad penetre en tu interior.
No te
aferres a aquello que deseas retener. No rechaces aquello que deseas evitar.
Simplemente
observa.
Respira.
Acepta.
Ahora dirige
tu atención hacia el centro de la rueda.
Mientras los
bordes giran incesantemente, el centro permanece inmóvil.
Silencioso.
Sereno.
Eterno.
Visualiza
que tu consciencia se sitúa en ese centro.
Tú eres el
eje.
No eres la
subida. No eres la caída.
No eres la
victoria. No eres la derrota.
Eres la
presencia que observa el movimiento de todas las cosas.
Respira
profundamente.
Y descubre
la paz que nace al permanecer en el centro.
Ahora
imagina que en tu interior existen varias ruedas de energía.
Desde la
base de tu cuerpo hasta la coronilla.
Cada una de
ellas comienza a girar suavemente.
Como flores
de luz que despiertan.
Como pequeños
soles que cobran vida.
Cada giro
libera bloqueos.
Cada giro
despierta confianza.
Cada giro
armoniza tu ser.
Siente cómo
la energía asciende lentamente, uniendo todas las ruedas en un único movimiento
de equilibrio y plenitud.
Percibe que
la fortuna verdadera no procede del azar.
Nace de la
armonía interior.
Nace de
quien sabe adaptarse al movimiento de la vida sin resistencia.
Nace de
quien aprende de cada experiencia.
Ahora
visualiza un gran caldero de cobre frente a ti.
En él
depositas tus preocupaciones.
Tus errores.
Tus miedos.
Tus
expectativas.
Todo aquello
a lo que permaneces aferrado.
Toma una
cuchara de madera imaginaria y remueve suavemente las aguas del caldero en
sentido horario.
Observa cómo
las energías se transforman.
Cómo nacen
nuevas posibilidades.
Cómo el
futuro se abre ante ti lleno de caminos.
Ahora
remueve en sentido contrario.
Y contempla
cómo las antiguas equivocaciones se convierten en sabiduría.
Cómo cada
error revela una enseñanza.
Cómo todo lo
vivido contribuye a tu crecimiento.
Respira
profundamente.
Y permite
que la gratitud ocupe el lugar de la culpa.
Ahora
observa nuevamente la rueda de la fortuna.
Mírala
girar.
Comprende
que el sufrimiento nace cuando intentamos detener aquello que debe moverse.
Y comprende
también que la libertad aparece cuando dejamos de aferrarnos incluso al éxito.
Repite
mentalmente:
"Acepto
los cambios de la vida."
"Permanezco
en el centro de mi rueda interior."
"Aprendo
de cada giro del destino."
"No me
apego al éxito ni temo al fracaso."
"La
verdadera fortuna habita en mi equilibrio."
Permanece
durante unos instantes en silencio.
Sintiendo la
calma.
Sintiendo la
confianza.
Sintiendo la
serenidad de quien ya no teme al movimiento de la rueda.
Cuando estés
preparado, realiza una respiración profunda.
Mueve
suavemente las manos y los pies.
Y abre los
ojos lentamente.
Llevando
contigo la sabiduría del centro inmóvil, allí donde ninguna vuelta de la rueda
puede perturbar la paz de tu ser.
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