LA ESCUELA DE LA VIDA – CAPÍTULO 8 - AUDIOLIBRO DANTE
LA ESCUELA DE LA VIDA – CAPÍTULO 8
La vida es un reflejo del estado
psicológico propio. Observar la vida y querer cambiar aquello que perjudica a
la felicidad es una necesidad esencial.
Para realizar tal cambio es
necesario hacer determinados cambios psicológicos. La escuela de la vida enseña
que lo exterior es un reflejo de lo interior.
Tanto dolor entrega a la escuela
de la vida como forma de aprendizaje y tan poco se aprende con ello, que podría
enseñar con otros métodos más didácticos.
Con el dolor, el ser humano o se
queja o se resigna. Pero, existe otra forma de tratar el dolor, la
transformación consciente de las impresiones.
Cuando se siente dolor, es muy
difícil transformar las impresiones y, cuando no se siente dolor, no se siente
la necesidad de transformar las impresiones.
La escuela de la vida de poco
sirve sin una buena maestra que enseñe las reglas de la vida. La maestra de la
escuela es la esencia, pero ella se encuentra dormida.
Sólo queda un remedio para
aprender a vivir en la Escuela de la Vida: despertar a la profesora.
Para despertar a la profesora o maestra,
el ser humano ha de desatenderse y atender durante un tiempo a la maestra.
Dejar el dolor, es decir, las presuntas necesidades como lo son realizar
ciertos eventos con amistades, fiestas, etcétera. Para atender a la maestra,
para que ella despierte. Esta es una acción muy poco habitual entre los seres
humanos.
La maestra posee la capacidad de
enseñar a su discípulo la utilidad de cada una de las circunstancias que la
Escuela de la Vida le está entregando.
En ese momento, el discípulo
comprende lo que la escuela le estaba mostrando y que él no podía comprender.
Todo, para el discípulo, coge un sentido.
Cuando el dolor entrega una
recompensa mayor al propio dolor, deja de ser el dolor sin sentido y se
convierte en una moneda de cambio.
La Escuela de la Vida, sin la
maestra, no posee ninguna finalidad, solo trae dolor y sufrimiento, por muy
positiva que sea una persona. Mientras más apegado se encuentra el ser humano a
sus supuestas posesiones, más alejado se encuentra de la maestra.
Las posesiones materiales y
emocionales no permiten que la maestra entregue las lecciones esenciales que
permiten vivir una vida responsable. La maestra enseña la bienaventuranza del
pobre.
Escoger el camino de la pobreza,
de los pocos amigos y de las pocas posesiones, da espacio y tiempo a que la
maestra pueda expresarse. Mientras más se posee, el agregado psicológico más
sufre por no poder disfrutar de las posesiones.
La impotencia psíquica de no
poseer suficiente espacio y tiempo para disfrutar de las posesiones se
somatiza. Poseer más de lo necesario es ser infiel a la maestra, y la maestra
premia la fidelidad y abandona al hijo o hija infiel.
Las posesiones siempre han de
estar bien guardadas, porque podría darse el caso de que alguien se apoderase
de ellas, y con solo pensarlo… la personalidad sufre, se atormenta e invierte
espacio y tiempo para que ello no ocurra jamás.
Para defender las posesiones se
utiliza la violencia. Para adquirir nuevas posesiones, se utiliza la violencia.
La violencia legal es una virtud social venerada por la sociedad. Por ejemplo,
las casas con grandes muros, los edificios con grandes medidas de protección, estas
son las posesiones más codiciadas para morar. Las personas importantes, aquellas
que poseen una gran responsabilidad social, suelen ir acompañadas de otras
personas armadas.
La maestra enseña, en una de sus
tantas lecciones, que la vida tiene un ritmo, y que este está marcado por Marta,
¿y quién es Marta? la humildad. Ser humilde es ser uno mismo. Marta coge de la
mano al ser humano y le marca el ritmo, la velocidad por la que ha de ir según
el espacio por donde transita en este momento.
Marta, en según qué momentos,
permite al ser humano tener ciertas posesiones y, más tarde, hace que el ser
humano las abandone. En ocasiones, esto se debe a la velocidad que se ha de ir
por según qué espacios de tiempo. A más velocidad, menos posesiones.
Para comprender la vida hacen
falta ciertas partes psíquicas desarrolladas. La vida está compuesta de una
pequeña parte física y de una gran parte psíquica.
Cuando alguien se empeña en vivir
actuando como si solamente la vida fuera física, se llena de problemas.
La vida física sin la vida
psíquica crea problemas sin solución.
La vida física se basa en tiempo
y espacio que recorre el cuerpo físico.
La vida psíquica se basa en
tiempo y espacio que recorre la psiquis.
La vida física entiende el tiempo
y el espacio como fechas y lugares que poseen un nombre.
La vida psíquica entiende el
tiempo y el espacio como estados de consciencia y símbolos.
La maestra enseña a vivir la vida
psíquica que es la que repercutirá en la vida física.
La maestra no permite que la sociedad
la condicione, por lo que, aquel que sigue las instrucciones de la maestra es
un ser libre, y esto una sociedad condicionada no puede permitirlo.
Son pocos los que siguen a la
maestra. Si fueran muchos, la sociedad permitiría seguir a la maestra con
entera libertad, pero, como no lo son y la sociedad se basa en la dictadura de
los muchos, no permite la sociedad seguir a la maestra, por lo que los pocos
siguen a la maestra de una manera oculta.
La maestra enseña los estados de
consciencia y los símbolos que en ellos habitan.
Descubrir los símbolos en la vida
física asombra, en un principio, al estudiante.
A medida que se va pasando de un
estado de consciencia a otro, el símbolo, en ocasiones, va cambiando o bien se
añade otro más.
De un gran acontecimiento físico,
si no se es capaz de extraer el símbolo y su significado, queda como un
acontecimiento vacío, como una asignatura pendiente.
El símbolo da significado, da valor
a la vida. El símbolo da alma a un objeto sin importancia aparente, que nunca sería
condicionado por nadie ni sería una posesión que hubiera de ser defendida por
la violencia.
El símbolo solo posee un valor
psíquico y, por ello, pasa con gran disimulo entre los coleccionistas de
posesiones. Si la maestra no enseña el mundo del símbolo, la vida se basa
entonces en la corriente de los acontecimientos.
El símbolo es el encargado de
enlazar el mundo interior y el mundo exterior.
Un objeto, una frase, un gesto,
en muchas ocasiones es la recompensa por haber hecho un largo viaje o haber acudido
a algún lugar que no era de nuestro agrado. Esto es bien conocido por los
caminantes del sendero.
El simbolismo adquiere realidad
en el mundo físico.
Por lo general, el mundo físico
es el más relativo de todas las demás dimensiones, sin embargo, este hecho da
realidad al símbolo.
El símbolo es relativo por
naturaleza y donde se comporta más afín a su naturaleza es en el mundo
relativo. Por lo que el símbolo es más real en el mundo relativo.
Hay un dicho que dice: “No hay que convertir un grano de arena en una
montaña.” Este dicho se refiere a que un problema o una circunstancia
adversa puede verse mayor de lo que es en realidad.
El símbolo del grano de arena y
la montaña adquieren una realidad en el mundo relativo. El grano de arena es
una montaña y la montaña es un grano de arena en el mundo relativo. Según
quienes seamos nosotros nos encontraremos ante un grano de arena o ante una
montaña.
En el mundo relativo, todo es
relativo, porque todo se encuentra sujeto a cambiar.
Si ante una circunstancia crecemos
más que este, la veremos como un grano de arena, y si por el contrario
menguamos delante de una circunstancia, la veremos como una montaña, pero, la
circunstancia es la misma, quienes hemos cambiado somos nosotros y esto es
gracias a la relatividad.
El símbolo se adapta a cualquier
ser humano y a cualquier nivel de comprensión.
El símbolo es un agente peligroso
por su gran relatividad.
La esencia escoge símbolos para
comprender donde se encuentra en el camino iniciático. Un gran ejemplo es
cuando la maestra dibuja símbolos en la pizarra de la escuela y el alumno debe
interpretarlos.
Un símbolo que en la niñez posee
un significado, en la juventud adquiere otro significado.
Hay símbolos absolutos como el de
la cruz, pero, lo absoluto en el mundo relativo es poco habitual.
El ser humano es un símbolo que
va cambiando según los diferentes niveles de iniciación que va adquiriendo.
La esencia es el símbolo que
diferencia un nivel de evolución de los demás seres que se encuentran
evolucionando, es decir, los elementales.
El alma es diferente a la
esencia, el alma, es un conjunto de cuerpos, virtudes, fuerzas… La esencia es
el símbolo del ser humano. La esencia es el símbolo por el que se reconoce al
ser humano.
La maestra es el estigma que se
encuentra en el humano, en la humanidad.
Cuando la maestra se humaniza es
que se ha unido a las características antropomórficas y antropológicas de la
humanidad. La maestra es divina y casi perfecta, es el símbolo de Dios
despojado de su absoluta perfección.
La humanidad es la propia
relatividad atrayendo a la divinidad imperfecta, a la esencia, a la maestra.
La gran relatividad es la unión de todos los seres relativos, la gran escuela.
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