EL MOMENTO DEL CAMBIO - CAPÍTULO 5 - AUDIOLIBRO DANTE
EL MOMENTO DEL CAMBIO – CAPÍTULO 5
Existe un instante en el que es
propicio realizar el cambio interior urgente, y este instante es ahora.
No existirá otro instante
propicio en el futuro, ni existió un mejor momento en el pasado.
El instante del cambio no es
propiciado ni por la personalidad ni por el ego. El instante del cambio lo
propicia el Ser.
El Ser posee razones muy válidas
para que este sea el momento del cambio y ni la personalidad ni el ego pueden
llegar a comprenderlas.
Cuando el Ser se acuerda de su
esencia, ésta se hace consciente de este hecho y empieza el cambio. La esencia mira hacia arriba y ve la imagen,
y anhela ser semejante a ella y reflexiona sobre sí misma.
La visión que se tiene sobre sí
mismo no posee la confrontación lógica, por lo que no puede ser valorado.
Cuando se observa la imagen y se
confronta con lógica con su reflejo se obtiene una visión sobre sí mismo valorada.
Más tarde, esta visión sobre sí
mismo habrá de ser revalorada.
El instante propicio para realizar
el cambio interior urgente se encuentra en el interior del espacio psíquico.
El concepto ‘instante’ no es solo
una medida de tiempo, también indica un lugar exacto.
El instante, es un lugar exacto
en un tiempo exacto. Tanta exactitud se corresponde con el Ser.
El instante es un lugar y un
tiempo espiritual. La imagen (el Ser), se encuentra arriba, el reflejo (el ser
relativo) se encuentra abajo.
El reflejo percibe a la imagen
como su opuesto ya que la observa como si la imagen fuera su reflejo.
Existen partes de la imagen
(partes del Ser), que poseen la capacidad de no quedar opuestamente en el
reflejo (el ser relativo), porque el Ser, en su absoluta sabiduría, previno el
embotellamiento de la esencia y la distorsión visual de ésta. Por ello, el Ser,
puso partes propias acondicionadas para que la esencia con distorsión visual pudiera
ver estas partes de forma normal. Una de estas partes es el instante.
El instante se encuentra en el
Ser, pero también en el espacio psíquico, y es visto por la esencia sin ninguna
distorsión.
El instante, es el lugar que ha
de ocupar la esencia para auto-observar y observar.
El V. M. Samael Aun Weor indica
que el ser humano ha de auto-observarse de instante en instante.
Cuando la esencia penetra en el
instante, son visibles los dos caminos: el horizontal y el vertical.
El instante, como concepto tiempo,
es el tiempo que existe en el interior del espacio psicológico en el que se
encuentra la esencia.
El instante, como concepto
espacio, es el espacio que ocupa la consciencia de la esencia en el interior del
espacio psicológico.
La facultad de ser consciente es
exclusiva de la esencia, que es lo mismo que decir que la esencia es la única
parte del ser que puede ser consciente de sus propios procesos. Las demás
partes del Ser, hasta que la esencia no las ha restituido, ni son autónomas ni son
conscientes.
El instante es una parte del Ser,
es un lugar en el Ser y es un tiempo en el Ser.
La esencia invoca al instante
mediante el recuerdo de sí, la íntima recordación o el recuerdo del Ser.
Este es el instante en el que se
debe decidir qué camino escoger.
En este instante, se han reunido
la esencia, el rebelde y el artesano (el observador).
De este instante puede nacer un
principio que cambiará toda la vida de un ser humano.
De este instante nace el anhelo
espiritual o la identificación con la sociedad.
El instante es el momento del
cambio.
En el instante se origina el
cambio, sin embargo, en el momento es donde el cambio se realiza.
El V.M. Samael, recuerda que hay
que auto-observarse de momento en momento.
El momento es el tiempo por el
que la esencia se desplaza de un instante a otro.
El momento es el espacio que
ocupa la comprensión de la esencia, la cual, ha sido extraída de la consciencia
de la esencia, la cual, ocupaba un instante.
El momento permite que se desplace
el instante.
Sin momento, el instante no se
propaga. Los instantes y los momentos no pueden ser encontrados en la línea
horizontal, ya que no existen en ella, solo pueden ser encontrados en la línea
vertical. Este motivo es por la naturaleza de cada línea.
La línea horizontal realmente no
es una línea, es un segmento. Este segmento empieza con el nacimiento y acaba con
la desencarnación.
La línea vertical tampoco es una
línea, es una circunferencia, la línea de una circunferencia infinita.
La circunferencia posee infinitos
puntos, es decir, infinitos instantes, y estos puntos se desplazan con el
movimiento de la rueda y este desplazamiento son los momentos.
El segmento horizontal posee
infinitos puntos y cada uno de estos puntos es un acontecimiento, y la unión de
todos ellos es llamada ‘la corriente de
los acontecimientos’.
Los acontecimientos se basan en
la ley de recurrencia.
La esencia se desplaza de
instante en instante y se manifiesta de momento a momento.
La personalidad y el agregado
psicológico son arrastrados por la corriente de los acontecimientos.
El desplazamiento de la esencia,
a través de los instantes, es libre, sin ningún tipo de acondicionamiento.
El supuesto desplazamiento, a
través de la corriente de los acontecimientos de la esencia embotellada por el
ego y condicionada por la personalidad, es mecánico, casi sin ningún tipo de
libertad.
El fluir libre de la vida se basa
en momentos nacidos de instantes conscientes.
La corriente de los
acontecimientos es la línea horizontal que tiene como primer acontecimiento el
nacimiento y, como último, la desencarnación. De los momentos fluye la
continuidad de propósitos, y de la corriente de los acontecimientos fluye la discontinuidad
de propósitos.
Entre instante e instante, existe
el momento, y este, en sí mismo, es un espacio y un tiempo independiente del
movimiento temporal recurrente.
La continuidad de propósitos se
sostiene sobre un estado de consciencia con un firme propósito. La intención o
el propósito no es un valor en sí mismo, es un signo aritmético.
El valor es la facultad o la
virtud y el signo aritmético es el propósito que enlaza a otras virtudes o
facultades, dando esta operación psíquica un resultado, siendo éste la acción
consciente del propósito más las virtudes.
La discontinuidad de propósitos o
el despropósito es el resultado de estar sometido a la corriente de los
acontecimientos.
El factor tiempo en la corriente
de los acontecimientos se sostiene bajo dos principios: velocidad y
temperatura.
Se debe imaginar la corriente de
los acontecimientos como un río: las gotas de agua más calientes y ligeras se
encontrarán más a la superficie del río y las más frías y pesantes se
encontrarán en el fondo del mismo.
Cuando el río se desplaza por una
pendiente pronunciada, se mezclan gotas del fondo del río con gotas de la superficie,
creando un nuevo orden en la profundidad y en la superficie del río.
El nuevo orden no es debido a una
voluntad de propósitos o continuidad de propósitos, es debida a la corriente de
los acontecimientos (discontinuidad de propósitos).
Cualquier sacudida social,
familiar o de trabajo puede hacer que una gota que se encontraba en la superficie
se precipite a la profundidad del río y viceversa.
La corriente de los
acontecimientos aleja o acerca a la esencia al camino vertical, pero, nunca tiene
la capacidad de hacer entrar a la esencia en este camino.
La discapacidad de no poder tener
continuidad de propósitos es una discapacidad psíquica, una carencia anímica.
Las carencias psíquicas
pertenecen, habitualmente, al espacio que gobierna el Eterno Femenino.
La continuidad de propósitos o la
firme intención, es una capacidad femenina.
La capacidad de propósitos es el
verbo en la oración gramatical.
El verbo es la acción del sujeto,
habitualmente.
Cuando el pensamiento se
construye con lógica, éste posee la incapacidad de propósito o, dicho de otra
forma, discontinuidad de propósito.
Cuando, en la oración gramatical
o intención de pensamiento no existe el predicado verbal, el sujeto se
encuentra en ‘fantasía’. Es decir, existe, pero no es. Se puede pensar de él
cualquier cosa, acción, propósito sin que se sepa certeramente qué sucederá
hasta que suceda. Esta discapacidad de propósito es del plano mental, del estado
de fantasía, y hace que el resto de espectadores a la oración sin capacidad de
propósito entren en estado de fantasía.
En la clave de S.O.L., el objeto
es el verbo, el sujeto es el sujeto gramatical y el lugar el espacio-tiempo.
El sujeto y el lugar se enlazan
gracias al objeto, el verbo.
En los pensamientos lógicos
existe el sujeto, el objeto y el lugar. Estos pensamientos son de característica
de continuidad de propósito.
En los pensamientos ilógicos,
habitualmente, no existe objeto, cayendo el peso del despropósito en el sujeto
y en el lugar.
El objeto es la finalidad de la
oración mental, si no existe finalidad, la oración es un despropósito y éste
jamás posee continuidad de acción.
Santiago Barberán.
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