MEDITACIÓN CON LA ORACIÓN DE LA DIVINA MADRE

 MEDITACIÓN CON LA ORACIÓN DE LA DIVINA MADRE  

 

Concentrémonos en el corazón, para que éste se convierta en el Templo Corazón.

Invoquemos al Espíritu del corazón, la diosa Kakini.

Bendita Diosa, os pedimos auxilio en este ejercicio espiritual.

Oración a la Divina Madre.

"¡Oh, Isis! Madre del Cosmos, raíz del amor, tronco, capullo, hoja, flor y semilla de todo lo que existe.

A ti, fuerza naturalizante, te conjuramos.

Llamamos a la reina del espacio y de la noche. Y besando sus ojos amorosos, bebiendo el rocío de sus labios, respirando el dulce aroma de su cuerpo, exclamamos: ¡Oh Nuit! Tú, eterna Seidad del cielo, que eres alma primordial, que eres lo que fue y lo que será.

¡Isis, a quien ningún mortal ha levantado el velo!

Cuando tu estés bajo las estrellas irradiantes del nocturno y profundo cielo del desierto,

con pureza de corazón y en la flama de la serpiente, ¡te llamamos!"

Cuando pronuncio el mantra O invoco al Eterno Femenino y se abren los fuegos de mi corazón, la morada de mi Diosa Kakini. ¡Oh, Isis! Poderosa diosa IO, tú que encierras los misterios más remotos de la antigüedad, te llamo a ti, en esta pequeña plegaria, porque no sé a dónde más acudir. Isis, tú que eres el trono donde se aposenta kundalini, enroscada tres vueltas y media en el hueso coxígeo, esperando a ser despertada para ascender a través de los méritos del corazón por la médula espinal. ¡Madre del Cosmos! Gran Madre del mundo, origen de todo lo que existe, tú que eres la materia original y el propio cosmos, el orden del universo. Tú eres la raíz del amor no visible, que se oculta a los ojos profanos, y asciende en forma de tronco y adopta la forma de capullo. Tú, amor espiritual, eres la hoja de parra que oculta los misterios sexuales, el velo de Isis. Eres la flor con aroma y color, que se convierte en semilla, y engendra el milagro de un nuevo ser. Te conjuro a ti, fuerza naturalizante, tú que tienes el poder de volver natural a la divinidad, porque haces que con mi naturaleza humana pueda comprender lo que es divino. Te llamo a ti, reina del espacio, tú que eres el origen de donde nació todo lo que ocupa un espacio. Te llamo a ti, reina de la noche, para que inundes con tu luz, Selene, mi noche más oscura. Déjame besar tus ojos amorosos, instrúyeme con tus enseñanzas escritas. Déjame beber del rocío de tus labios, permíteme aprender de tu conocimiento oral. Deja que respire el dulce aroma de tu cuerpo, para que pueda penetrar en las enseñanzas físicas. ¡Oh, Nuit! Eterno Femenino, desnúdate, quítate el velo para que pueda comprender todas tus enseñanzas. Tú, eterna Seidad del Cielo, deidad de deidades, madre de todos los dioses y diosas que han existido. Isis, alma primordial y única, luz de los cielos, madre de todas las almas. Isis, que eres lo que fue y lo que será, tú que te encuentras en todos los pasados y en todos los futuros. Isis, que mi alma inmortal levante tu velo y que con esta pequeña oración te haga descender desde las estrellas irradiantes del profundo y nocturno cielo hasta la arena del desierto en el que me encuentro, te invoco con pureza de corazón y en la flama de la serpiente, con los méritos del corazón y con la llama del amor en pleno apogeo.


Santiago Barberán

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