La Máquina Humana - Capítulo V - Audiolibro Jano
Capítulo V. La Máquina Humana
Introducción
Desde la perspectiva del cononcimiento gnóstico, el ser humano puede comprender mejor su naturaleza cuando deja de identificarse exclusivamente con su cuerpo físico. Al observarlo objetivamente, descubre que este funciona como una máquina extraordinariamente compleja y perfecta, capaz de realizar innumerables procesos de manera automática.
Como toda máquina, su funcionamiento se basa en la ley de acción y reacción, también entendida como la ley de acción y consecuencia. Cada estímulo recibido produce una respuesta determinada, siguiendo mecanismos precisos que pueden ser estudiados y comprendidos.
Máquinas simples y máquinas complicadas
Existen máquinas de distintos niveles de complejidad. Una máquina simple responde a una acción mediante una única reacción previsible. Un ejemplo de ello sería una bicicleta, cuyo funcionamiento depende de mecanismos relativamente sencillos.
Por el contrario, una máquina complicada es capaz de responder a un mismo estímulo de diversas maneras, dependiendo de múltiples factores. La máquina humana constituye el ejemplo más complejo de este tipo, ya que integra innumerables procesos físicos, emocionales, intelectuales e instintivos que actúan simultáneamente.
La máquina humana y la psiquis
La máquina humana posee un potencial extraordinario. Su complejidad es tal que el ser humano puede vivir utilizando únicamente una pequeña parte de sus capacidades. Sin embargo, surge una cuestión fundamental: ¿qué ocurriría si aprendiéramos a utilizarla para desarrollar los aspectos más elevados de la psiquis?
Desde el conocimiento gnóstico, el estudio de la máquina humana tiene precisamente ese objetivo: comprender su funcionamiento para favorecer el desarrollo de la conciencia.
Este estudio puede resumirse en tres etapas fundamentales:
Estudiar el funcionamiento de la máquina humana.
Observar las partes que se relacionan con la psiquis.
Estimular dichas partes para favorecer el desarrollo de la conciencia.
Las reacciones habituales e inhabituales
La mayor parte de nuestras respuestas frente al mundo corresponden a reacciones habituales. Determinados estímulos externos desencadenan respuestas automáticas que repetimos una y otra vez sin apenas darnos cuenta.
Sin embargo, también existen reacciones inhabituales o superiores, capaces de despertar aspectos más profundos de la conciencia. Estas respuestas son poco frecuentes y difíciles de encontrar en la vida cotidiana. Por ello, las tradiciones esotéricas proponen prácticas específicas destinadas a estimularlas.
Entre los medios utilizados para ello destacan la práctica esotérica, el estudio de textos tradicionales y la contemplación de determinadas obras de arte, concebidas como instrumentos capaces de producir estados superiores de percepción.
El estudio de la máquina y de la psicología
El conocimiento de la máquina humana no se limita únicamente al estudio del cuerpo y de sus funciones. También requiere el estudio de la propia psicología.
Conocer nuestras reacciones, pensamientos, emociones y hábitos permite descubrir cómo funciona realmente nuestra vida interior. Solo mediante esta observación consciente es posible comenzar un proceso de transformación.
El control de la máquina
Uno de los principios fundamentales de esta enseñanza afirma que quien no controla su propia máquina tampoco puede controlar su vida.
Las principales causas de este descontrol son dos:
La pereza, que refleja un bajo nivel de ser.
La falta de conocimiento, que manifiesta un bajo nivel de saber.
Mientras la persona permanezca dominada por la inercia y la ignorancia respecto a su propio funcionamiento, continuará reaccionando mecánicamente ante las circunstancias de la vida.
Los cinco centros de la máquina humana
El conocimiento gnóstico explica el funcionamiento del ser humano mediante el estudio de cinco centros principales de actividad. Un centro es el lugar donde se reúne un determinado tipo de energía y desde el cual se coordinan funciones específicas. Estos centros trabajan mediante asociaciones y cada uno posee una velocidad de funcionamiento distinta.
Ordenados del más lento al más rápido, los cinco centros son:
Centro intelectual, relacionado con el pensamiento y ubicado simbólicamente en el cerebro.
Centro motor, responsable del movimiento corporal y asociado a la primera vértebra dorsal.
Centro instintivo, encargado de los hábitos y funciones automáticas, relacionado con la quinta vértebra dorsal.
Centro emocional, vinculado a los sentimientos y localizado simbólicamente en el plexo solar.
Centro sexual, relacionado con la atracción y la energía creadora, asociado a los órganos sexuales.
Comprender la función específica de cada centro permite interpretar muchas de las conductas humanas y evitar el error de intentar resolver un problema utilizando un centro que no le corresponde.
La esencia y el dominio de la máquina
Desde esta perspectiva, el intelecto posee un alcance limitado. No es posible controlar únicamente mediante el pensamiento los gestos del cuerpo, las emociones o las atracciones, ya que cada una de estas manifestaciones pertenece a un centro diferente.
Quien realmente puede armonizar el funcionamiento de toda la máquina humana es la esencia. Cuando esta alcanza un estado de autoconciencia, es capaz de dirigir equilibradamente todas las manifestaciones del ser humano, integrando los distintos centros en una acción consciente y voluntaria.
Así, el conocimiento de la máquina humana constituye una herramienta fundamental para el trabajo interior. Comprender cómo funciona permite dejar de actuar mecánicamente y avanzar hacia un mayor dominio de uno mismo y un desarrollo más pleno de la conciencia.
Santiago Barberán
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